El basilisco era un animal fabuloso con cuernos de serpiente, patas de gallo, alas espinosas y cola en forma de lanza. Era considerado como el rey de las serpientes y se le atribuía la propiedad de matar con la mirada. Un remedio ideado para limpiar de tan temible animal a la tierra consistía en vestir a un hombre con una armadura de espejos: cualquier basilisco que se le cruzara en el camino vería su mirada reflejada en los espejos y moriría. El basilisco era un producto de la unión de un gallo con una serpiente, la cual ponía un huevo que era custodiado por un sapo. En la Edad Media, un sapo que fue encontrado saltando cerca de un huevo en Basilea (Suiza), fue solemnemente juzgado y quemado públicamente bajo la acusación de estar implicado en el nacimiento de un basilisco. Es muy probable que toda la leyenda se base en el conocido fenómeno de la gallina que cambia de sexo cuando envejece, que canta como el gallo y le crecen carúnculas como a éste, pero que sigue poniendo huevos.

Pero el basilisco de este artículo es un animal mucho más real, nada legendario. Con este nombre conocemos en la actualidad a diversos lagartos del género Basiliscus, al que pertenecen varias especies que habitan en América Central y cuyo límite septentrional de difusión es la mitad sur de México. Viven en las orillas de pequeños ríos o arroyos, donde retozan durante el día, y duermen por la noche sobre los arbustos que tienden sus ramas por encima del agua. Son lagartos de tronco comprimido y alargado, dedos y cola largos y delgados. Los machos suelen estar adornados con grandes crestas.

La velocidad es su principal aliado para capturar las presas (insectos, pequeños roedores o pájaros) y para escapar de los enemigos. Si durante la fuga se encuentran con una corriente de agua, corren por la superficie de ésta gracias a los lóbulos dérmicos de que están provistas sus patas posteriores, lo cual aumenta la superficie de apoyo. En algunas regiones se les denomina “tetetereches”, onomatopeya que alude al sonido que producen al correr sobre el agua. Otra denominación es la de “lagarto de Jesucristo” por su habilidad para “andar sobre el agua” Sin embargo, al decrecer su velocidad, el basilisco se hunde y tiene que nadar del modo normal de cualquier otro lagarto. Como se puede ver en la foto:

De todos los miembros de este género, el más grande y vistoso es el raro basilisco crestado verde, Basiliscus plumbifrons, de Costa Rica (cuya foto muestro al comienzo del artículo). El macho lleva en la cabeza una gran cresta ornamental, otra en el dorso y otra en la cola. La utilidad de estas crestas, como no sea la de intimidar a otros machos, se desconoce.

El basilisco de franjas, Basiliscus vittatus, adopta una coloración variable. Es castaño oscuro durante el día pero cuando descansa por la noche sobre las ramas asomadas a las aguas, las bandas laterales se vuelven de un amarillo vivo o blancas. En cautividad, el basilisco parece perder la facultad de cambiar de color entre el día y la noche. No se han observado tales cambios cromáticos en el basilisco verde cautivo, que parece ostentar un vivo verde en todo momento.

A continuación se puede ver al basilisco caminando sobre las aguas:

Texto: Reportajes de OYA-ES

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