De las miles de personas que se pueden encontrar en una fuente la camiseta de manga larga tuvo que toparse con aquel joven que había decidido saciar su sed de compañía escoltándose por un mamífero que solo articulaba palabras similares a “Guau”.

El hombre lo llevaba atado de una correa al cuello para que el animal pudiese disfrutar de la libertad de la calle a la par que de su compañía. Muy cuidadoso, seguro que cuando salía con sus amigos también los ponía correa. El amo decide parar y beber agua de la fuente. El perro se le acerca y le lame la cara. Lástima, su amo se olvido de atarle con correa también la lengua por lo que cuando el amo deja de beber agua y levanta la cara, el perro lame la boquilla de la fuente. El amo, ni corto ni perezoso, al ver a su fiel amigo con sed, aprieta el botón de la fuente. El perro bebe, mojándose en el acto todo el hocico. Cuando el agua ha parado de emanar de la fuente, el amo, quiere continuar su camino, pero el perro no opina lo mismo. El amo forcejea un poco con la correa hasta que comprende las intenciones de su mascota. Está levanta la pata trasera y atiende la llamada de la naturaleza. La naturaleza deja la marca sobre la fuente. Cientos de gotas se disparan hacia todos los lugares. El perro baja la pata y se marcha. Tras él todavía se puede ver como el charco formado va buscando el camino hacia la alcantarilla.

Un momento mágico. La camiseta de manga larga decide irse a casa ya sin gana alguna de beber agua.

Autor: Einger