Noto como poco a poco la sangre se va acumulando en mis venas. Una sangre que hierve. Arde mas fuerte que las ascuas del infierno. Sentir un golpe en la cabeza que pide rebeldía y va adquiriendo el control del cuerpo. Notar un escalofrío que sube desde la médula espinal por la columna hasta el hombro derecho, cada vez llega mas lejos por el brazo. La razón insiste en parar. No estoy en un antro oscuro, escribiendo un soliloquio esquizofrénico. Únicamente narro los deseos, sin cumplir (aún). Es horrible parecer absolutamente normal y ser altamente peligroso. Se puede intentar inhibir el pensamiento que ejerce tales efectos, pero es absurdo. Está ahí. Es absolutamente concupiscible, toda mi alma requiere el antojo, es cuasi perfecto. Una voz de desafío, pero los pies lo suficientemente pegados al suelo como para levantarse. Mas vale que nadie moleste ahora. Solo por su bien.

Mis ojos pronuncian ira. Simple y sana venganza contra el mundo. Un mundo dominado por el vulgo. Conjuntos de personas que no saben apreciar su suerte ni utilizarla en su favor (debido a ello erran al utilizarla a favor de otros). Un mundo que jamás me ha preguntado si quiero existir, si mi deseo es vivir. Un mundo compuesto por seres genéricos y sin ideas. ¿Como iban esos seres a plantearse pensar en lo que yo quiero? ¿Indudablemente como iban esos seres a plantearse pensar? Puedo cambiarlo tengo fuerza para ello y suficiente asco a la vida como para no importarme perderla. Soy la figura correcta para hacerlo. Única figura que tiene valía como para hacerlo. No quedara títere con cabeza.

Autor: Einger