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Ha pasado una semana desde que la nausea, apareció en mi vida. Se que es lo que hay que hacer: afronatarla, es la única manera de que el jardín me sonría.

Me enfundo la camiseta de de manga larga y salgo en búsqueda de esa obra. Cuando llego al museo es la una y media de la tarde. En la puerta un cartel informa amablemente del cierre a las dos de la tarde. Supongo que el tiempo me da de si. En un intento de reproducir con la mayor exactitud posible mi anterior visita comienzo con la sala de fotografía. Sin obtener ninguna impresión novedosa accedo a la siguiente sala. Las obras están intactas, tal y como las deje una semana atrás. Comienzo por la primera obra y tras ver varias de ellas el mensaje sugerido es semejante al de mi última visita. Tras un breve lapso de tiempo llego a la obra número 12. Allí continúan tanto su triangulo como sus círculos. Continuan también las líneas que los bordean, tachan y enmarcan. Entonces, ¿dónde está la nausea? No la encuentro, puedo pasar a la siguiente obra sin ningún cambio en mi interior. Pero, si la nausea no se encontraba allí, ¿dónde? Fue quizás un estado temporal que sencillamente tenía que atravesar. Si eso respondería a un por qué, o a un qué pasó, pero la pregunta no era esa sino: ¿Dónde se encontraba ese estado? ¿A quién pertenecía? Cierto es que no te puedes bañar dos veces en el mismo rio, pero el mismo veneno con el que puedes endulzar la muerte de una rata hoy, lo puedes hacer mañana, a no ser que la rata esté tan acostumbrada al sabor de ese veneno que pueda alimentarse de él como si de un queso se tratara. Esto me reduce la respuesta a dos opciones:

1. La nausea se encontraba en mi interior ya antes de ver ese cuadro y simplemente se reflejo en el fondo blanco del lienzo y se proyecto en mi retina

2. La nausea se encuentra en el seno de la sociedad y alimentan con ella nuestros sentidos, siendo esto ya para nosotros un alimento mas, o quizás, uno esencial.

Tras esta reflexión la camiseta de manga larga regresa pensativa a su casa.

Autor: Einger