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Camiseta de manga larga: Estación

Una camiseta de manga larga observa a un hombre joven. No tendrá más de treinta. Acaba de llegar a la estación y se sienta desplomando su bolsa de deporte flácida, apenas llena, en el suelo. Es pelirrojo y barbilampiño. Porta una de esas chaquetas que tanto se ven en películas americanas de adolescentes de instituto. Pudiera haber sido un quarterback de joven.

Apenas son las siete de la mañana. La estación despliega su habitual tráfico de transeúntes caminando de unas escaleras a otras. Gente saliendo ensimismada de las puertas de llegadas hacia su lugar en el metro.

El hombre quita la chapa a un licor más fuerte que la cerveza y se dispone a beberlo. Mira el móvil y desliza esa mezcla de vodka por su garganta. No pasan de las siete y diez cuando dos asientos más adelante la actividad de otro capta la atención de la policía. Este lleva un gorro de invierno mal colocado, tiene cejas frondosas y aspecto muy maltratado para sus no más de cuarenta. Uno de los policías se acerca a despertarlo mientras el otro pide documentación a los de su alrededor. Nada que pueda hacer sospechar que no se trata de un control rutinario. El hombre del gorro no parece inmutarse. Permanece tirado en su asiento, ni tan siquiera abre los ojos. La situación empieza a hacer que la gente alrededor gire sus cabezas hacia la escena. Los pasajeros que circulaban cambiando de vagón parecen tener ahora menos prisa. El hombre es levemente zarandeado por el policía que espera una reacción. Su compañero ya está a su lado tras verificar y anotar la documentación del resto de individuos sentados en las sillas cercanas. El hombre del gorro se mantiene en su silla sin cambiar de posición hasta que agacha su torso para escupir lentamente en el suelo. Una chica joven que contemplaba la escena a lo lejos se lleva la mano al pecho y parece comentar a su amiga con alivio algo parecido a “creí que estaba muerto”. Los policías le reclaman la documentación mientras él parece no entender. Tras dos o tres intentos este se señala el bolso. Despacio y apenas manteniendo el equilibrio comienza a levantarse.

El sujeto observado primeramente mantiene su camino con el botellín ya vacío en la mano. Ha pasado los minutos ajeno a la escena, observando el móvil. Emprende su camino levantando con ligereza la bolsa de deporte del suelo. Observo las pantallas que comunican las llegadas de tren. Aún quedan unos minutos para que llegue el mío.

Autor: Einger

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Camiseta de manga larga: A oscuras

Una camiseta de manga larga despliega las alas. La acera es estrecha. La calle oscura. Las horas no acompañan. No busca un objetivo. No sigue a nadie, simplemente echa a andar. Las farolas tienen el mismo color de siempre, pero la luz imprime otros colores sobre el asfalto hoy. Será cuestión de la mirada. Desliza sus ojos hacia una vitrina. Los precios de lo apetecible se marcan inasequibles y el paladar busca términos más adecuados al bolsillo. La calle está tan tranquila que sería fácil romper el cristal. Al alcance del estómago y tan lejos de las yemas de los dedos.

Hay restos de comida cerca y lejos de la basura, dispersos por toda la calzada. Lo que fue una marca de bebida refrescante ahora es una mancha que impregna hasta la pared. ¿Se ha caído tras un tropiezo con torpeza o lo han lanzado tratando de crear un charco?

Parece que alguien se acerca. Se va acallando el silencio y cobra vida la ciudad.

supermercado

Autor: Einger

Camiseta de manga larga 8

–Leer Camiseta de manga larga 7 antes de continuar —

Ha pasado una semana desde que la nausea, apareció en mi vida. Se que es lo que hay que hacer: afronatarla, es la única manera de que el jardín me sonría.

Me enfundo la camiseta de de manga larga y salgo en búsqueda de esa obra. Cuando llego al museo es la una y media de la tarde. En la puerta un cartel informa amablemente del cierre a las dos de la tarde. Supongo que el tiempo me da de si. En un intento de reproducir con la mayor exactitud posible mi anterior visita comienzo con la sala de fotografía. Sin obtener ninguna impresión novedosa accedo a la siguiente sala. Las obras están intactas, tal y como las deje una semana atrás. Comienzo por la primera obra y tras ver varias de ellas el mensaje sugerido es semejante al de mi última visita. Tras un breve lapso de tiempo llego a la obra número 12. Allí continúan tanto su triangulo como sus círculos. Continuan también las líneas que los bordean, tachan y enmarcan. Entonces, ¿dónde está la nausea? No la encuentro, puedo pasar a la siguiente obra sin ningún cambio en mi interior. Pero, si la nausea no se encontraba allí, ¿dónde? Fue quizás un estado temporal que sencillamente tenía que atravesar. Si eso respondería a un por qué, o a un qué pasó, pero la pregunta no era esa sino: ¿Dónde se encontraba ese estado? ¿A quién pertenecía? Cierto es que no te puedes bañar dos veces en el mismo rio, pero el mismo veneno con el que puedes endulzar la muerte de una rata hoy, lo puedes hacer mañana, a no ser que la rata esté tan acostumbrada al sabor de ese veneno que pueda alimentarse de él como si de un queso se tratara. Esto me reduce la respuesta a dos opciones:

1. La nausea se encontraba en mi interior ya antes de ver ese cuadro y simplemente se reflejo en el fondo blanco del lienzo y se proyecto en mi retina

2. La nausea se encuentra en el seno de la sociedad y alimentan con ella nuestros sentidos, siendo esto ya para nosotros un alimento mas, o quizás, uno esencial.

Tras esta reflexión la camiseta de manga larga regresa pensativa a su casa.

Autor: Einger

Camiseta de manga larga 7

La camiseta de manga larga sale una mañana brevemente iluminada por algún rayo de sol. Camina ensimismada, pensando en lo que puede haber dentro del último quark, del último átomo de su cuerpo. Tras tres cuartos de hora sin ninguna conclusión lógica llega a un museo.

Al entrar no se encuentra con ningún cartel pidiendo dinero ya que todavía quedan reductos de gentes que se molestan en conseguir que la cultura sea gratuita. Entra en la primera sala. En ella reina la fotografía, esta muestra lo inútil que son los esfuerzos individuales dentro de un mundo hecho por la podredumbre de todos, en el cual personas ataviadas de todas las razas y culturas se esfuerzan por llegar las primeras. Tras ella se encuentra un sala llena de lienzos que vistos todos de un mismo golpe no ofrecen nada al espectador mas allá de pintura derrochada. En un intento de introspección me aproximo hacia el primero en busca de un título sugerente que me haga ver entre las líneas historias inauditas. La búsqueda es un fracaso: la obra es “Sin título”, coincidiendo con las otras 18 expuestas en esa sala.

No soy un marchante de arte, desconozco el valor de la pintura y muchas veces su significado, pero tengo la imaginación suficiente para encontrar este último. Sumergido en esta aventura encuentro un hilo conductor común a todas las obras: Los espacios cerrados y abiertos y nuestra capacidad de tomar parte en ellos. Pero llegada la obra numero 12 el desasosiego embiste mi alma. Un triangulo en color en el centro que no ha aparecido en ninguna de las anteriores composiciones con un par de círculos a su alrededor. Es un sinsentido, la repugnancia llamando a mi puerta. Jean-Paul Sartre esbozó ese pensamiento en la mente del señor Roquetín y ahora se lo que se siente, es horrible. Intento salir de ese triangulo en busca de una seña de identidad que lo ilumine pero no soy capaz. Podría haberme saltado tal obra y el recorrido habría sido el mismo, pero en estos momentos era imposible. Ese triángulo escaleno me muestra su nausea y a la vez me hace ver la mía propia. Doy una vuelta por el resto de la sala pero mi mente no puede concentrarse en ninguna otra obra . Debo de irme, alejarme de aquel lugar cuanto antes. Por lo menos por ahora.

Autor: Einger

Camiseta de manga larga 6

La camiseta de manga larga sale de su casa. Una avenida lo suficientemente larga como para encontrarse a una pareja de ancianos caminando a paso lento por medio de la calzada, un joven con su lengua metida en la boca de su acompañante, una grupo de niñas de metro sesenta riendo que lanzan una sonrisa cómplice a un chico que pasa y un mujer de mediana edad terminando cariñosamente una conversación telefónica. Pero que hacen todos ellos… A veces me siento metálico, sin tacto, a falta de humanidad y poco apto como para entender ciertos sentimientos. He llegado a oír que lo de ese tipo de gente es amor, aprecio y cosas por el estilo, pero ¿que experimentan esas personas?

Las dos personas mayores son los más entrañables, llevan una vida juntos, soportándose en salud y enfermedad, miles de buenas experiencias compartidas por ambos. Pero lo cortés no quita lo valiente, y también habrá miles de penas acechándolos, ¿Por qué siguen juntos? ¿Somos simplemente animales rutinarios demasiado aletargados como para alejarnos de la costumbre establecida? ¿O por el contrario tenemos una certeza y capacidad de saber encontrar una persona entre 6.650.000.000 habitantes con la cual nos compenetramos y establecemos una relación de simbiosis especial?

El joven de órgano móvil impar, medio y simétrico se encuentra en el interior de la boca de su acompañante solo esta calmando la libido. Se trata de un acto de desarrollo de sus mas bajas pasiones animales. Un acto empalagoso y pasajero. La presa se antoja apetitosa y no escatima en devorarla. ¿Desenvuelve tal concupiscencia tras una fase mas espiritual de amor o cambia carne por carne y placer por placer?

La mujer de mediana edad esta siendo métodica y costumbrista siguiendo el protocolo de cómo despedirse de manera informal, quizás lo sienta o quizás no, no son mas que palabras que suenan bien al otro lado de la línea. Una manera de apagar (o reducir) la soledad por un breve periodo de tiempo.

El grupo de chicas quizás es el caso mas dotado de hermosura y belleza. Ninguna tenía planeado cuando ha salido a la calle buscar a un galán, pero estando en ella han tenido un mero encuentro casual y que pasara desapercibido en sus vidas con unos ojos. Son inocentes y bellas, sus sentidos se han elevado en busca de un pensamiento que podía manifestarse en las cuencas de los ojos del viandante. Una timidez y un giro de cabeza cuando el chico las devuélvela mirada y seguir el camino de la vida. Grandes alegrías las esperan si saben sonreir y sentir alegría con esos pequeños momentos. No sienten la necesidad de tener mariposas en el estómago.

La camiseta de manga larga continua el camino con añoranza de esos tiempos.

Autor: Einger

Camiseta de manga larga 5

La camiseta de manga larga espera se sienta en la terraza de un bar con un refresco. El calor pega sobre las cabezas de la gente. Los niños chillan mientras juegan al balón y en ciertas mesas se escucha alguna carcajada de cuando en cuando.

Unos bóxer perturban las bellas vistas. Unos pelos que reflejan un viento imaginario viento que ha soplado desde su derecha. Unas gafas de ultimo modelo que muestran un gran Adolfo Dominguez en la patilla. Una camiseta blanca de manga corta con un pajarraco en el pecho. Unas zapatillas anchas blancas. Unos vaqueros azul oscuro con un cinturón que no sujetan nada… Vive para su imagen y morirá si su look no es la última moda. Lo trajeron desnudo al mundo y lloró porque la toalla con la que lo limpiaron no tenían una marca inscrita. Es un subproducto de marketing. Una gran negocio para las empresas que promociona sin recibir dinero a cambio. Soy el hígado podrido de Jack segregando bilis y retorciendome entre sudores frios. ¿Se cree un superhéroe por enseñar los calzones? ¿Jamás le explicaron el concepto de ropa interior? La belleza vuelve a endulzar las vistas cuando desaparece de la terraza.

Autor: Einger

Camiseta de manga larga 4

Una tarde la camiseta de manga larga pasea por el centro de una ciudad. Se acerca al rio. Se acerca a descansar en un intento de “Beatus Ille”. El río posee unas amplias orillas con la hierba recortada para poder pasar caminando. Altos arboles lo bordean y custodian. Algún puente de vez en cuando corta este paisaje si se alza la vista. Se oyen ruidos de obra y unas maquinas excavadoras y unas cargadoras trabajan en el otro margen del rio, pero…
He aquí el esperpento. Un grupo de unas 25 personas se agolpa mirando desde arriba, la obra que estas hacen. En su mayoría varones, se asoman a la valla y se colocan sobre el puente para observar como un grupo de obreros hacen su trabajo. Alguno incluso comenta sus consideraciones con obreros que paran para descansar. Observan como la máquina excavadora quita tierra, y como coge grava del camión. He visto gente pestañear y bostezar en teatros, pero este grupo de personas esta absorto en su espectáculo. La cantidad de gente atrae a que más gente se aproxime. Gente que podría pasear y hacer cosas se pudre viendo hacer cosas a otros. Por la misma regla entiendo ahora que gente que pueda pensar se pudra dejando que piensen otros (puesto que para ellos mirar incluso puede ser cansado).

¿Porque los ayuntamientos se empeñan en pagar parques para el disfrute de la gente? Parece que para estos conjuntos de personas causaría mas regocijo si el ayuntamiento pagara a otros por hacer obras (aunque luego las destruyeran sin ser usadas)

Autor: Einger