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Los malavenidos

Se trata de algo que escribí en diciembre y que me vino a la mente hace unos días cuando leía un artículo en el blog de Eariandes. Lo llame Los malavenidos

Cuéntame al oído como susurra el vértigo cuando besa la caída del miedo al despegar. Cuentame, en tus llantos, cuantas lagrimas de sol recogiste. Hablame de tus noches Dime palabras oscuras, que mi oído quiere escuchar claro. ¿Qué siente la luna creciente? Explícame el orgasmo de la tierra cuando las olas chocan. Buscaré ante tu puerta el jardín. Lo perdido queda a un paso de lo prohibido. El mar es rocío desinhibido. Las fraguas del hades no queman cuando se ha tocado un corazón. Haz tu cabeza arder. Que tus manos tiemblen. Asústate. Sumérgete en la nieve y nada. Evapora la llama. Escarcha el frío. Teme. Tus pétalos inyectan hormonas en la sangre de los vientos. Destruye cualquier atisbo de razón. No pienses que significa. Mírate. Oféndete por quien eres y no por quien vas a llegar a ser. Ríete de tu muerte. Muérete por tu risa. Desenvaina el veneno que en un dardo hay escondido y no te escondas si la serpiente te ha mordido. Juega con el jugo de los jóvenes gigantes. Aquellos que murieron encima de la trinchera. Roba sus armas para hacerte una cuchara. Navega al paso de mil pingüinos. Utiliza tréboles para combatir espadas. Saluda al frío soplando. No hay conquista en el mar de las pasiones, ni capitán en las carabelas de calaveras. Seduce al rayo, él es lento. Ensucia el barro, irrita al árbol. Grita y haz que muera. Que de su cuerpo estalle el último graznido cuando por tu cuello pasen los malvenidos.

Autor: Einger

Camiseta de manga larga 8

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Ha pasado una semana desde que la nausea, apareció en mi vida. Se que es lo que hay que hacer: afronatarla, es la única manera de que el jardín me sonría.

Me enfundo la camiseta de de manga larga y salgo en búsqueda de esa obra. Cuando llego al museo es la una y media de la tarde. En la puerta un cartel informa amablemente del cierre a las dos de la tarde. Supongo que el tiempo me da de si. En un intento de reproducir con la mayor exactitud posible mi anterior visita comienzo con la sala de fotografía. Sin obtener ninguna impresión novedosa accedo a la siguiente sala. Las obras están intactas, tal y como las deje una semana atrás. Comienzo por la primera obra y tras ver varias de ellas el mensaje sugerido es semejante al de mi última visita. Tras un breve lapso de tiempo llego a la obra número 12. Allí continúan tanto su triangulo como sus círculos. Continuan también las líneas que los bordean, tachan y enmarcan. Entonces, ¿dónde está la nausea? No la encuentro, puedo pasar a la siguiente obra sin ningún cambio en mi interior. Pero, si la nausea no se encontraba allí, ¿dónde? Fue quizás un estado temporal que sencillamente tenía que atravesar. Si eso respondería a un por qué, o a un qué pasó, pero la pregunta no era esa sino: ¿Dónde se encontraba ese estado? ¿A quién pertenecía? Cierto es que no te puedes bañar dos veces en el mismo rio, pero el mismo veneno con el que puedes endulzar la muerte de una rata hoy, lo puedes hacer mañana, a no ser que la rata esté tan acostumbrada al sabor de ese veneno que pueda alimentarse de él como si de un queso se tratara. Esto me reduce la respuesta a dos opciones:

1. La nausea se encontraba en mi interior ya antes de ver ese cuadro y simplemente se reflejo en el fondo blanco del lienzo y se proyecto en mi retina

2. La nausea se encuentra en el seno de la sociedad y alimentan con ella nuestros sentidos, siendo esto ya para nosotros un alimento mas, o quizás, uno esencial.

Tras esta reflexión la camiseta de manga larga regresa pensativa a su casa.

Autor: Einger

Camiseta de manga larga 7

La camiseta de manga larga sale una mañana brevemente iluminada por algún rayo de sol. Camina ensimismada, pensando en lo que puede haber dentro del último quark, del último átomo de su cuerpo. Tras tres cuartos de hora sin ninguna conclusión lógica llega a un museo.

Al entrar no se encuentra con ningún cartel pidiendo dinero ya que todavía quedan reductos de gentes que se molestan en conseguir que la cultura sea gratuita. Entra en la primera sala. En ella reina la fotografía, esta muestra lo inútil que son los esfuerzos individuales dentro de un mundo hecho por la podredumbre de todos, en el cual personas ataviadas de todas las razas y culturas se esfuerzan por llegar las primeras. Tras ella se encuentra un sala llena de lienzos que vistos todos de un mismo golpe no ofrecen nada al espectador mas allá de pintura derrochada. En un intento de introspección me aproximo hacia el primero en busca de un título sugerente que me haga ver entre las líneas historias inauditas. La búsqueda es un fracaso: la obra es “Sin título”, coincidiendo con las otras 18 expuestas en esa sala.

No soy un marchante de arte, desconozco el valor de la pintura y muchas veces su significado, pero tengo la imaginación suficiente para encontrar este último. Sumergido en esta aventura encuentro un hilo conductor común a todas las obras: Los espacios cerrados y abiertos y nuestra capacidad de tomar parte en ellos. Pero llegada la obra numero 12 el desasosiego embiste mi alma. Un triangulo en color en el centro que no ha aparecido en ninguna de las anteriores composiciones con un par de círculos a su alrededor. Es un sinsentido, la repugnancia llamando a mi puerta. Jean-Paul Sartre esbozó ese pensamiento en la mente del señor Roquetín y ahora se lo que se siente, es horrible. Intento salir de ese triangulo en busca de una seña de identidad que lo ilumine pero no soy capaz. Podría haberme saltado tal obra y el recorrido habría sido el mismo, pero en estos momentos era imposible. Ese triángulo escaleno me muestra su nausea y a la vez me hace ver la mía propia. Doy una vuelta por el resto de la sala pero mi mente no puede concentrarse en ninguna otra obra . Debo de irme, alejarme de aquel lugar cuanto antes. Por lo menos por ahora.

Autor: Einger